miércoles, 25 de abril de 2012

Taller de magos en el corazón de la Calatrava








 Joan Màgic enseña a niños y familias a hacer juegos de manos, cartas y cuerdas


Una espada de Simbad cuelga de la pared, recordando que incluso en estos tiempos de pesimismo y cruda realidad aún hay espacio para la fantasía. Y mucho. Porque no es sólo el sable de filo curvo, en la habitación también hay decenas de cabezas articuladas –con ojos saltones y, en algunos casos, mandíbulas batientes– que observan atentamente al espectador. Y caparrots. Y el busto decapitado de un gegant. Y majestuosas marionetas suspendidas en el aire.
Son décadas de trabajo y eso se nota en el taller de Joan Màgic, repleto de herramientas, figuras, barajas de cartas y objetos de toda clase –«esto es can bum», dice él–. Todo relacionado con el mundo de la fantasía y la ilusión: no en vano, este veterano mago –también conocido como en Joanet de Sa Calatrava– lleva toda la vida dedicándose a un amplio abanico de actividades que van de la construcción de gegants, caparrots y marionetas a los espectáculos de magia, pasando por el ejercicio del cargo honorífico de tamborer major del Ayuntamiento de Palma y la dirección de los gegants del Consell de Mallorca. De un tiempo a esta parte, una de sus actividades principales es, además, impartir talleres de varios días de magia para familias, con el objetivo de que lleguen a dominar varios juegos de cartas, cuerdas y manos.
«Tenemos muy olvidadas las manos». Joan Màgic suelta esta sentencia mientras hace rodar una pelota de goma roja y blanda entre sus dedos. Lo hace como si fuera fácil, con una habilidad que hipnotiza. Pero el engaño se disuelve rápidamente cuando el ciudadano profano en la materia intenta imitarle: el juego, de sencillo, no tiene nada. Hace falta mucha práctica. «La magia es disciplina», deja claro Joan, mientras muestra al periodista un montón de libros que enseñan la técnica de hacer aparecer y desaparecer cartas, conejos, palomas y todas las técnicas que uno pueda imaginar, siempre dejando al espectador con la boca abierta –preguntándose ¿pero cómo demonios lo ha hecho?–. Las clases suelen empezar con la pelota, porque «nunca es tarde para aprender a hacer juegos de manos». Si todo va bien, los alumnos de Joan Màgic salen del curso habiendo aprendido seis o siete de estos ejercicios de prestidigitación. Como en el teatro, la magia puede ayudar a niños y adolescentes –y, por qué no, también a los adultos– a desarrollar una mayor confianza en sí mismos.
Joan le debe su arte y su oficio al barrio en el que creció. Lo dice su propio apodo, aunque a sus 50 años recién cumplidos le empiece a quedar un poco extraño. En Joanet de Sa Calatrava forjó una parte de su carácter a pedrada limpia –lo que no quita que tenga un carácter pacífico y afable–, en las batallas infantiles que se organizaban en Baix Murada, el actual Parc de la Mar, cuando el terreno ganado a la bahía estaba compuesto todavía de grandes dunas de tierra. Luego vendría la época del grupo Estornell, de aprender a andar con zancos de hasta dos metros y de desarrollar la capacidad de improvisación que precisa el teatro de marionetas. Y de la censura. Y la inventiva y la imaginación, que llegaban a límites desconocidos hasta la fecha.
Joan recuerda con especial nostalgia la segunda mitad de los años 70, de la que conserva numerosos carteles de fiestas de barrio y festivales. Era época de descubrimiento y explosión en todos los ámbitos y, obviamente, también en el de la fantasía. Luego, ya en los 80, vinieron los espectáculos en discotecas. «Yo siempre he estado en crisis». Joan eligió una profesión en que hay que reinventarse día a día, así que está acostumbrado a las estrecheces. Esta opción vital le ha permitido, sin embargo, enfrentarse a retos muy especiales, como la construcción de los gegants del Consell hace ya 11 años, que le llevó prácticamente un año de trabajo y de la que conserva un vídeo que muestra el proceso de atrás hacia adelante.
Fruto de aquella labor, en la actualidad Joan dirige la salida de los gegants del Consell en los encuentros que se producen cada año y que empiezan a partir de la primavera –cada municipio monta el suyo e invita a los demás, con lo que al final se suman un total de 28 salidas–. Con la tradicional faja en la cintura y rodeados de xeremies, Joan y los suyos pasean a Jaume II y a la reina Esclaramunda por los pueblos de toda la isla.
En un rincón del estudio –en el que dos modernos ordenadores contrastan entre el conjunto de marionetas, caparrots, espadas y demás–, unas macetas reposan sobre papel de periódico. ¿Casualidad? La noticia elegida habla –es el titular– de la desaparición de «cientos de carteles electorales» de un partido político. Teniendo en cuenta sus habilidades... ¿los haría desaparecer Joan?

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